sábado, 4 de abril de 2009

Tu lengua es una amenaza

En España, el organismo encargado de representar el papel de antagonista en ese juego pendenciero y revanchista que en las democracias modernas se llama “oposición”, es el Partido Popular, liderado por Mariano Rajoy. Oposición: ¡qué gran palabra! Pero los colombianos pudimos dimensionar claramente hasta qué punto se podía denigrar ese concepto durante el gobierno de Ernesto Samper, cuando el líder de la oposición era el payaso de Andrés Pastrana, un personaje ideológica y políticamente anodino que, más que ofrecer una alternativa a la oficialidad, buscaba mojar prensa a toda costa, en aras de conseguir mayor notoriedad y, con ella, la esperanza de hacerse con la presidencia en las siguientes elecciones. En fin...

El caso es que el partido de Rajoy, representado por un tal Alberto Núñez Feijóo, ganó las últimas elecciones en la Comunidad Autónoma de Galicia. Feijóo ocupará el lugar del galleguista Emilio Pérez Touriño, quien estableció, entre otras cosas, la enseñanza obligatoria de todas las asignaturas troncales en lengua gallega durante la escuela primaria. Este decreto será derogado por Feijóo, según lo prometido, en los 100 primeros días de su mandato; el nuevo presidente de la Xunta de Galicia quiere que en los ámbitos oficial y educativo reine “la misma amabilidad lingüística que se vive en las calles”, para que “la lengua no sea un impedimento para que la gente venga a trabajar a Galicia”.

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Esta actitud de apertura lingüistica contrasta con el proteccionismo paranoide (y, a mi parecer, poco realista) que determina los derroteros de las políticas catalanas en lo que al tema de la lengua se refiere. La política oficial al respecto es que claro que son bienvenidos los inmigrantes, pero que la lengua de integración debe ser, como es natural, la catalana, que es la lengua local. Pero es que resulta que las lenguas locales son dos, y el castellano o español lo hablamos un número mucho mayor de personas, en el resto de España y en casi todo Latinoamérica, como para que el inmigrante escoja aprender Catalán para integrarse a la sociedad que lo recibe.

No saber catalán todavía no se ha vuelto un impedimento para trabajar, pero por estos días se ha intentado pasar un decreto que obliga a que un porcentaje determinado de las películas que se proyectan en cataluña estén dobladas al Catalán; y otro, según el cual en todo establecimiento de hostelería (restaurante, bar, hotel) haya al menos un empleado que pueda atender a la clientela catalana en su lengua. Medida que no debe tener muy contentos a los propietarios (catalanes) de muchos bares, que contratan personal exclusivamente chino para pagar menos sueldo y así ahorrarse algunas monedillas.

El otro día, un periodista de varios años de trayectoria me dijo que estaba convencido de que el catalán habrá desaparecido en 10 años. ¡Por favor! No soy especialista en historia de la lengua, ni mucho menos, pero pensaría que hacen falta unas condiciones verdaderamente extremas para que una lengua desparezca. Por ejemplo, el total desamparo cultural; el aplastante, abrumador y agresivo advenimiento de una cultura mayoritaria. O un exterminio masivo como el que tuvo lugar hace 500 años mal contados en América, y en virtud del cual hoy todos nosotros hablamos la lengua de Cervantes. Pero esa es otra historia...


-Domingo